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Idril: El susurro del ocaso

Por unanimidad de la encuesta que realicé en twitter, os daré un poco de la historia de Idril, aunque no se remonta tanto en el tiempo, salvo en el momento de la caída de Quel’thalas. Sin embargo, pretendo escribir más adelante lo que sucedió con ella e intercalar recuerdos que os ayuden a comprender el personaje.

Hace 13 años

—¡Eothan! —gritó Idril desgarrando su garganta, viendo a lo lejos cómo el templo de An’daroth caía, apagándose la luz arcana que proyectaba hacia el escudo. El enemigo rompió el hechizo de invisibilidad del templo que se podía ver desde las colinas de Corona del Sol. El Ban’dinoriel —el escudo mágico que envolvía el reino élfico— se estaba debilitando. Idril presentía que su hermano estaba en peligro. Los no-muertos invadían todo el bosque de Canción Eterna y la aldea, estaba perdida. Debían huir, pero la joven elfa, destrozada por el dolor, la impulsaba a ir hacia An’daroth para ayudar a Eothan. Un fuerte brazo la cercó y la atrajo apresándola para que no escape hacia su perdición. La elfa forcejeaba sin apartar los ojos del templo.

—¡Idril, es inútil! ¡tenemos que ir a la ciudad! —apresuró a decir su padre, mientras trataba de tranquilizarla abrazándola. Viendo la misma imagen que su hija contemplaba con profundo dolor, el tiempo apremiaba. No podía permitir que su pequeña hija, su única hija, tuviera el mismo destino. Con premura alcanzaron a Dalia, su esposa, para huir de la calamidad.

El templo de An’telas cayó pocos minutos más tarde, estaban rodeados. Los Errantes y parte de la guardia trataban de poner a tantos civiles como podían a salvo, interceptando a cualquier no-muerto que intentase alcanzarlos, pero eran demasiados.

—¡Corred! ¡Todo mago dispuesto, ayudad! ¡Mientras el Ban’dinoriel resista, su magia oscura no podrán usarla! —Bramó el Capitán.

“¡Shindu fallah na!”  (¡Ya están aquí!) . Almandur, al escuchar la petición del Capitán, estando junto a su hija y esposa, se detuvo y las miró.

—Poneos a salvo —las dijo.

Idril, viendo las intenciones que tenía su padre, se alarmó y le abrazó muy fuerte. Había visto como caían algunos soldados mientras corría la familia Susurra Alba. Su padre no podía teletransportarlos a la ciudad, precisaba concentración y para eso, era cuestión de estar en un lugar seguro para pasar desapercibidos e invocar el hechizo hasta la ciudad. Sin embargo, viendo que necesitaban más fuerzas para contener la plaga y reducirla, al menos, para que les diera tiempo a llegar a Lunargenta todos cuanto podían, Almandur* decidió quedarse.

—¡NO! No por favor… Ann’da, no te vayas… —suplicó entre lágrimas.

Almandur cogió de los brazos de su hija y trató de separarla de él. Forcejeó un poco, ya que Idril apretaba el abrazo, pero cedió para mirarle a los ojos. Su padre limpió sus lágrimas.

—Iré en cuanto pueda, lo prometo. Ve con tu madre. —tras decir eso, la dio un beso en la frente y a su esposa, una caricia en la mejilla— No miréis atrás. Id a la ciudad.

Dalia asintió conteniendo las emociones por su hija, mientras la abrazaba, ya que también temía por la suerte de su esposo. Corrieron, dejando a Almandur atrás. Debían ponerse a salvo, poner a salvo a su hija. Aceleraron tan rápido como las piernas le permitían, casi arrastrando a Idril.

—No te separes de mí, hija. —su voz se quebraba mientras aferraba su mano.

Se oían gritos de terror. Civiles buscando refugio en la ciudad. La plaga ganaba terreno y a pesar de que los rompehechizos y los mago les intentaban hacer un muro de contención, junto al resto de Los Errantes, caían bajo la espada de los campeones de Arthas.

—¡Dalía! ¡Aquí! —una voz conocida la llamaba. La elfa miró por todas partes hasta encontrar a su vecino. —¡Pronto! ¡Os trasladaré a Lunargenta!

—¡Oh, Gracias!

El Magister, los trajo en un refugio donde había más civiles asustados. Debía ser rápido para trasladar a todos. Se concentró lo suficiente mientras trazaba unas runas en el aire. Idril pudo sentir como algo tiraba desde su interior y de repente desaparecieron del campo de batalla, dejando apenas unas partículas arcanas en el aire hasta desvanecerse cada una.

Aparecieron en el Intercambio Real, donde cientos se mantenían a salvo… por el momento. Mientras Lunargenta se mantuviera en pie; pero la protección mágica que gozaba la ciudad le quedaba pocos minutos y la plaga se amontonaba en las puertas de la ciudad desesperados por destruir todo cuanto estuviese a su paso.

——————

Quel’danas

El cuerpo del Rey Anasterian cayó desplomado al suelo bajo la Agonía de Escarcha empuñada por Arthas. Felo’melorn, la espada del Rey, fue quebrada. Durante unos segundos, a los pies de la Fuente del Sol, todos los elfos que protegían con sus vidas las estancias sagradas, quedaron paralizados y sus esperanzas iban muriendo junto a su monarca. De pronto, un grito plagado de angustia rasgó el aire, un grito de la banshee Sylvanas después de haber presenciado la muerte de su monarca a manos del príncipe caído que la convirtió en lo que es ahora. No la arrebató la consciencia, quiso que presenciara cómo masacraba a su pueblo sin que ella pudiera hacer nada.  Arthas, miró satisfecho por última vez el cadáver del Rey muerto y fijó su atención en la Fuente del Sol.

La consternación de los elfos nobles era visible. Toda esperanza se desvaneció. Algunos les atenazó el pánico. La fuente del Sol estaba perdida, pero al menos, tratarían de salvar los héroes que quedaban a su pueblo. No. No podían permitir que su pueblo se extinguiera, así que, mientras morían por luchar hasta su último aliento, los pocos Magister que quedaban iban trasladando a grupos de supervivientes, incluso algunos que querían quedarse en contra de su voluntad por amor, por cariño. Hijos. Hermanos. Tantos como los héroes les permitiera. Iban cayendo muy rápido.

Almandur miró a su mujer e hija. Especialmente a ella.  Dalía vio lo que en esos momentos su esposo estaba pensando, fue entonces cuando se cruzaron las miradas y leyó lo que pretendía hacer. Asintió. Debían poner a salvo a Idril, luchar hasta el último aliento por retener a los no-muertos tanto como les sea posible junto al resto. Ahora debían ganar tiempo y que escape todo el que pueda.

Buscaron al Magister Solarcano, quien trasladó a Dalía e Idril hacia el Intercambio Real, donde parecía que otros magos que dominaban la traslación reunían pequeños grupos para llevarlos a salvo.

—¡Almandur! —Solarcano consiguió avistarlos, dispuesto a trasladar a toda la familia Susurra Alba.—No hay tiempo.

—No, amigo mío. Nos quedamos. Los retendremos tanto como podamos. No son muchos para contenerlos. Por favor, salvad a los que podáis. —miró a Idril y se la entregó al Magister.- Llévate a nuestra hija, por favor.

Idril se compungió en lágrimas negando, abrazando a su padre con fuerza.

—No, Ann’da, no… por favor… quiero quedarme.

Almandur separó esos brazos que tan fuerte le apretaban, viendo a su hija. Posó las manos en sus mejillas y enjugó sus lágrimas.

—Ve con ellos. Debes vivir y … seguir con tus estudios. —su voz se quebraba de saber que sería la última vez que vería a su hija. Se quitó el medallón del cuello, el símbolo Susurra Alba y se lo entregó a su hija. —Haz que estemos orgullosos de ti, Idril. —dijo al colgárselo al cuello.

Miró a Solarcano, pues conocía a su hija y en ese estado, sabía que volvería a abrazarlo y no podría soportar la despedida por más tiempo. Antes de que su hija reaccionase, la mano del mago tocó el hombro de Idril y en el proceso de la traslación se oyó un grito desgarrador. “¡¡ANN’DA!!”.

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[Evento] Academia de las Artes Arcanas

El preludio de un nuevo hogar

DALARAN

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La elfa aguardaba al consejo escolar de la Academia de las Artes Arcanas. Esta era la segunda vez que solicitaba formar parte del profesorado. La primera vez se lo denegaron. Ni siquiera había tenido una reunión previa para poder conocer los motivos, pero podía imaginarse el porqué. Ser una Ren’dorei no era fácil, en especial para aquellas personas que guardaban culto a la Luz y tenían recelos —de sobra entendibles— con el vacío, pero lo que más le preocupaba, es la confianza en que puedan depositar en ella. Presea mantenía a raya los susurros y lo lograba aferrándose a lo que sí sabía, a lo que sí conocía. Tenía una seguridad en sí misma. Creía firmemente que su enseñanza a las nuevas mentes del mañana sería de gran utilidad. Ella fue profesora en la Academia Falthrien tiempo atrás y tenía pupilos a su cargo que, a día de hoy, eran magos a cargo del Gran Magister.

Añoraba volver a esos tiempos. No le importaba haber perdido su cargo como Magistrix. Pertenecía a la Asamblea de Lunargenta en aquella época, sí… aquella época dorada de los Quel’dorei, antes de que la plaga destruyera los cimientos de su pueblo.  Su labor era, no sólo la enseñanza, también hacer cumplir la ley mágica y proteger Quel’thalas junto a otros Magi para que, si en algún momento cayeran las defensas de su pueblo, esta ayudase a apoyar a levantar la barrera mágica.

El Consejo de los siete eran quienes se ocupaban de proteger la Fuente del Sol, tenían otras labores junto al Rey; Quel’thalas estaba muy bien distribuida y la paz reinaba en cada rincón del reino Quel’dorei.

Tiempo atrás, en cierta ocasión, de vez en cuando visitaba la ciudad de Dalaran junto a otros Magi para ver como los magos de la ciudad habían prosperado. De los errores que cometieron tiempo atrás, habían aprendido. Comprendieron que la magia no podía abusarse de ella y debían mantener un control, pero eso sólo lo lograron a través de los siglos. Los Guardianes de Tirisfal hicieron un excelente trabajo, tanto como concienciar a los antiguos gobernantes de la ciudad a ser cuidadosos.

La última vez que vio aquella ciudad, antes de la caída, fue para visitar a una vieja amistad ¿qué podría haber sido de ella? Llegó a pensar que, a estas alturas, sea la plaga o cualquier peligro que hayan vivido en Azeroth… no haya sobrevivido. La elfa dio un suspiro hondo, cerrando los ojos, el último recuerdo será el que conservaría a partir de ahora y que haya podido descansar en paz.

Un Quel’dorei había salido de la sala de juntas donde deliberaban qué hacer con la Ren’dorei. Presea enseguida se levantó de la silla, mostrando respeto con las manos cogidas en el regazo. Estaba nerviosa, pero trataba de mantener templanza. Este Quel’dorei era distinto, no pertenecía a la anterior junta con la que le denegaron su solicitud de ingreso la primera vez. Le era… muy familiar, demasiado familiar… sin embargo él no la reconocía.

—Señorita Arcosombrío, es un placer conocerla. Me llamo Anûr Susurra Alba, es un placer. —puso la mano en el pecho e hizo una leve reverencia con la cabeza— He tenido que salir a verla personalmente porque su expediente que indicaba en la solicitud me era tremendamente familiar. Quería asegurarme… que no fuese un error.

Presea apenas parpadeaba, se acercó un paso al elfo, mirándole el rostro, no cabía la menor duda, era él.

—¿Anûr? —quiso asegurarse. Los años para el elfo no habían cambiado, seguía siendo el Quel’dorei pelirrojo perteneciente al Kirin tor, aunque antes era un miembro, al parecer, habían reconocido sus labores en la ciudad y en la enseñanza, ahora pertenecía a la junta selectiva.

El elfo tuvo que mirar su rostro muy detenidamente. Había cambiado tanto aquella elfa de cabellos rubios tan hermosa como la veía a tener un aspecto siniestro y sombrío.

—Por la Fuente del Sol, Presea… no puede ser… que seas tú. —alzó una mano para tocar su mejilla, algo receloso, pero al tocarla no sintió nada peligroso. Acarició su pómulo. A pesar de su rostro cambiado, atisbó la dulzura que siempre había en su rostro cada vez que se veían por el gran cariño que habían tenido desde críos. — Oh, ven aquí… —susurró, abrazándola con fuerza. La elfa se emocionó. Todo lo que hubiera pensado del destino de Anûr no era cierto, estaba vivo, y bajo la protección de la ciudad. Con eso a ella le bastaba.

—Anûr. Gracias al Sol Eterno que estás vivo.

Al apartarse de ese emotivo abrazo la miró una vez más, tomando el rostro de la Ren’dorei.

—¿Qué has hecho? ¿por qué tomaste este sendero? —la preguntó sin entenderla, como si no reconociera su decisión.

—Sé que no entenderás por qué creí en Umbric. Anûr… quería asegurarme de poder doblegar ese poder. Puede que eso nos llevó a lo que soy ahora, pero sigo siendo la misma, te lo juro. —le suplicó con la mirada que la creyera. — Por favor, quiero este trabajo. Lo necesito… necesito volver a enseñar.

—¿Por qué, Presea? ¿por qué? —tal pregunta, encerraba más el deseo de la elfa que su decisión por lo que era ahora y que no podía remediarse.

—Porque quiero sentir Ventormenta nuestro nuevo hogar. —respondió agachando la mirada— sentir que… pertenezco ahora a la ciudad de los humanos. Veo a muchos humanos que han aprendido de forma irresponsable las artes arcanas, que han sido dañados por manipular poderes que no entienden. No puedo permitir eso. —volvió a mirarle convencida de sus palabras. — Tienen que saber, tienen que aprender. El consejo no puede apartar los ojos.

—Y no lo hacemos. Puede haber otros profesores quienes se ocupen de esa labor…

—¿Y por qué yo no podría, Anûr? —se contrarió a la respuesta de su amigo ¿todavía es amigo? O ha cambiado a raíz de saber que ella tiene esta nueva condición. — ¿Por qué?

El elfo alzó las manos pidiendo calma.

—No he dicho que no puedas ejercer de profesora. Has sido brillante en la Academia Falthrien, pero queremos asegurarnos de varias cosas antes de tomar una decisión equivocada. Comprende que no ha sido nada fácil para nosotros. Ahora sé quién eres y tengo más dudas con respecto a mi voto.

—¿Votaste que no? —preguntó con el ceño un poco fruncido, aunque hubiese deseado expresar ¿fácilmente? su contrariedad, tenía que controlarlo. Los susurros no paraban de decir cosas para alimentar su ego y destrozar al Quel’dorei que estaba de pie frente a ella, queriendo salir de ese momento tan delicado.

—Ya te dije que tengo dudas con respecto a mi voto, Presea. Por favor… entiéndeme. Para mí el alumnado es importante, en especial su protección.

—Anûr ¿de verdad piensas que voy a dañar a los alumnos? —preguntó con toda la templanza que le fue posible. No debía dejarse llevar por la cólera, ignoraba esos susurros una vez más. No. No permitirá que el vacío estropee lo que tanto desea. — Te prometo… que nada les ocurrirá. Lo que hice en el pasado, fue investigar el vacío por mi cuenta y riesgo. Jamás incité a los pupilos a mi cargo de que indagaran en el vacío. Conocía los riesgos, lo he visto.

Eso le sorprendió al elfo, pues esa parte la desconocía. Confiaba en que ella le estaba diciendo la verdad. Volvía a ver a aquella Presea que conoció tiempo atrás. Si hay algo que sabía de ella era lo extremadamente protectora y responsable que había ejercido siempre como instructora y como Magistrix.

Estuvieron al menos medio minuto mirándose a los ojos. El Quel’dorei meditaba en cada palabra, en lo que ella le transmitía en todo momento: seguridad. Finalmente dio un leve asentir acompañado de una afectuosa sonrisa.

—Una pregunta más… —levantó el dedo, con una terrible incertidumbre divertida en su rostro— ¿por qué “Arcosombrío”?

La elfa se encogió de hombros y sonrió tímidamente. Esa parte podía contársela a él y sólo a él.

—Mi esposo era un Errante. Era diestro con su arco, el mejor del reino. Un pequeño homenaje a él, supongo.

Anûr sonrió a su respuesta.

—Bien, señorita “Arcosombrío” —dijo solemnemente— Mi voto será sí y concuerda con la mayoría del consejo. La decisión estaba reñida, pero ya no. Debes jurarme por lo más sagrado que nunca enseñarás artes del Vacío a los estudiantes. —la miró en advertencia con el índice alzado.

—Te juro por nuestra amistad, por nuestro pueblo. Por todo cuanto amamos, que jamás enseñaré en la escuela las artes del vacío a estudiantes de magia arcana. Pero no puedo decirte que jamás enseñaré dichas artes fuera de la escuela. Habrá estudiantes de las sombras que querrán saber, pero no lo haré en el recinto escolar.

Por un momento la miró a los ojos y asintió conforme a sus palabras.

—De acuerdo. Es justo lo que queremos, Presea. Lo arreglaré todo para que pronto puedas abrir una de las alas de la torre de los magos de Ventormenta y la acomodes a tu gusto para empezar cuando estés lista. Sin embargo… sabes cómo funciona esto. Tenemos que supervisar todas tus clases, queremos asegurarnos de que haces lo que tienes que hacer.

La elfa asintió conforme.

—Lo supuse. No tengo nada que ocultar. Seréis bienvenidos en mi aula.

Anûr sonrió en ese “mí” que significaba tanto para ella. Estaba seguro, que construiría su universo en la propia escuela y que, —tal vez el tiempo o la razón— serán quienes descifren el destino que ha emprendido la futura profesora de las Artes Arcanas.

***

Anillo Kirin Tor

—… Y así, bajo el amparo del Consejo de los Seis, Presea Arcosombrío, serás miembro-iniciado del Kirin Tor, como muestra de ingreso en la Academia de las Artes Arcanas. —Anûr, después de anunciar frente la junta selectiva, colocó el anillo, —el sello del ojo— en el dedo índice de la Ren’dorei. Este ocultó una sonrisa que albergaba un pensamiento fugaz a cambio de una mirada de orgullo y esperanza.

Presea le sonrió conteniendo la emoción, a pesar de que sus ojos estaban húmedos, a punto de traicionarla. Debía decir unas palabras, un voto, un juramento ante la junta académica.

—Por mi honor, juro obedecer las normas de la escuela. Contribuiré a la enseñanza como otros profesores lo han demostrado. —Esas últimas palabras realmente no las sentía y el vacío alimentaba ese pensamiento que la distrajo por un instante: «Sí, todos los profesores que han resultado ser unos inútiles» «Demuestra a toda esa junta de viejos charlatanes que puedes ser mejor de lo que hasta ahora han tenido.» Alzó una ceja, serena, sin mostrar un ápice de desprecio por aquellos que, llamándose ‘maestros’, han hecho flaco favor a varios humanos que ha conocido.

***

Juego de manos

Una vez terminada la ceremonia protocolaria, Anûr quiso invitar a Presea en la taberna Juego de Manos —la más elegante y fina de la ciudad— para celebrar su ingreso con una buena taza de té y unas pastas exquisitas conjuradas. Una suave melodía de un arpa que rasgaba cada cuerda con un encantamiento, levitaba en un rincón estratégico donde la acústica sea la adecuada.

 Presea sonrió al Quel’dorei que cada vez estaba más convencido que era ella. Sus gestos, su carácter, su firmeza, todo cuanto él recordaba estaba bajo ese extraño aspecto donde el vacío dejó sus siniestros encantos en la elfa. La taberna gozaba de sus típicos parroquianos a esa hora tan puntual para tomar un refrigerio, o visitantes que estaban de paso por la ciudad flotante.

—De todos los ingresos que hemos hecho hasta la fecha, esta, particularmente, me honra haber tenido el privilegio de dirigirla. —dijo, mientras veía acercarse la camarera, una semielfa de cabellos celestes a la par que sus ojos, con una bandeja, dejando el pedido sobre la mesa.

Agradecieron ambos, mientras continuaban la charla y esta volvía a atender otros pedidos de otras mesas.

—Debo decir que el privilegio es mío. —contestó Presea. — Que hayas sido tú quien lo ha dirigido y quien ha hecho que la balanza esté a favor, es un alivio y un sueño hecho realidad.

Casi a dúo se sirvieron los terrones de azúcar en la taza y removieron con una cucharilla en el sentido del reloj. Una melodía monótona y familiar el repiqueo suave de la cucharilla en la porcelana de la taza, los dos típicos golpecitos en el borde de la taza para escurrirla y seguidamente, descansarla en el plato. Ambos recogieron el asa y antes de dar el primer sorbo, Anûr quiso detenerla.

—Deberíamos brindar.

—¡Anûr! —exclamó, riendo la elfa— con una taza de té suena muy raro.

—Pues es lo que tenemos a mano, —respondió, divertido— y no seas tan quisquillosa, también podemos hacerlo con una taza de té.

—En ese caso ¿qué sugieres brindar? Pareces estar muy inspirado.

—Y lo estoy. —sentenció, dándose un manotazo sobre su propia rodilla. — Estoy muy satisfecho y feliz, es una sensación que pocas veces he experimento y … volver a saber de ti, Oh… ya es una recompensa asegurada.

Presea sonrió dulcemente, con cierto rubor en las mejillas.

—Adulador.

—Es posible. —otorgó, acompañado de un guiño de ojo, en confianza. Seguidamente, levantó la taza y dijo solemnemente: —Por la amistad y por la Academia de las Artes Arcanas que, sin lugar a dudas, tienen a la mejor maestra que hayan podido tener en mucho tiempo.

—Espero estar a la altura. —respondió con una sonrisa, mientras chocaba suave la porcelana de su taza. Bajo esa capa de dulzura, el vacío volvía a hurgar en su ego: «Oh, claro que lo estarás. Eres la mejor de lo que han tenido jamás, puedes estar segura. ¿Cuál es el siguiente paso? ¿aspirar a ser la Directora de la Academia? Puedes serlo, Presea. Puedes aspirar a eso y más. A gobernar la Academia como más te plazca ¡hazlo! ¡libera tus verdaderos deseos, sabes que lo quieres!»

En ese instante, cerró los ojos y frunció mucho el ceño para acallar esas malditas voces de su cabeza. Debía aferrarse nuevamente a la verdad, a lo que ella quería realmente, su verdadera vocación: Enseñar. Independientemente de sus deseos más oscuros, sabía lo que eso ocuparía, debía recordar qué supondría ser ambiciosa. No lo deseaba realmente, no deseaba tanta responsabilidad. Había dado un juramento, no iba a enseñar a ningún alumno los senderos más oscuros de el vacío y no deseaba defraudar a Anûr, cosa que le estaba mirando con visible preocupación.

—¿Te encuentras bien?

—¡Sí, no te preocupes! —respondió enseguida, tocándose la sien— el té me hará mucho bien. De los nervios que pasé, tengo un poco de dolor de cabeza. —mintió. No quería que notase nada que pudiera hacerle dudar de su decisión. Los Ren’dorei deben luchar constantemente contra sus propios demonios, los susurros constantes que no paraban de atormentarles. Debía ir con cuidado.

—¿Necesitas descansar? —inquirió, al verla un poco extraña.

—Sí, lo necesito. Terminemos el té y regresaré cuanto antes a Ventormenta. —respondió, apurada.

—Está bien… —dijo Anûr, lamentándolo— … hubiera querido que te quedases más tiempo, pero supongo que ha habido demasiadas emociones juntas.

Presea terminó el té a varios tragos y cuidando de no quemarse. Pronto se puso de pie cuando apenas había finalizado el té, recogiendo su bastón. Anûr se puso al mismo momento que ella de pie. La elfa sonrió y preguntó:

—¿Volveremos a vernos?

—Tan pronto como pueda. —le aseguró, mirándola a los ojos con una leve sonrisa.

Tras unas miradas de resignada despedida, se abrazaron. Y sin soltarla todavía, Arûn murmuró:

—Te deseo toda la suerte del mundo, Presea.

—Gracias por todo, Arûn.

Cuando se separaron, este negó con la cabeza, con una mirada afectuosa y apesadumbrada. La idea de que se vean en unos meses después de este encuentro, toda esa distancia, en el tiempo, no le seducía.

—Te mereces esta oportunidad.

La elfa besó su mejilla y tras despedirse, dejó marchar a la Ren’dorei. Anûr la siguió con la mirada. Estaba intrigado por el futuro de Presea y qué le conduciría su vocación y preocupado por las futuras diferencias que seguramente tendrá por el protocolo de enseñanza mágica impartida por el Kirin Tor.

Recepción de Gala

El Miércoles 17 de Julio a las 22.30h habrá una recepción por la apertura de la Academia de las Escuelas Arcanas.

Es imprescindible ir de etiqueta

Las inscripciones se realizarán en dicho evento donde la profesora Arcosombrío dará instrucciones de cómo inscribirse para poder asistir como alumno a las próximas clases que se realizarán el Miércoles 24 de Julio a las 22.30h con el siguiente simposio que se dará como comienzo en la primera clase:

Todos los alumnos deben asistir con la túnica reglamentaria.

Presea_Kirin_24_Julio

OFF ROL: La túnica de mago nivel 1 de cualquier raza, pero debe ser la de mago. De asistir con vuestros personajes avanzados, podéis crearos un personaje nivel 1 y enviar la túnica a quienes deseéis desarrollar vuestro personaje.

Las clases se realizarán en LA TORRE AZORA situada en el Bosque de Elwynn.

Azora

Daremos el directo en El Rincón de Idril donde estaréis todos invitados a verlo desde ahí. Es interesante que lo hagáis, dado que posiblemente, se ponga música ambiental para ayudaros a sumergiros en la trama del evento.

El Rincón de Idril

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EL CONCILIO DE FORJAZ

VfmFAiEl Concilio de Forjaz

En las diferentes ciudades de la alianza donde existen comunidades de enanos, así como en las villas más importantes de Khaz Modan, incluyendo Forjatiniebla, pico Nidal y la propia Forjaz se han encontrado los siguientes carteles.

Atención Atención

Con motivo de la situación del reino se organizará una gran reunión de enanos de todos los clanes, necesitamos organizarnos por el bien del reino. Se pide que todos enanos notables y de buena voluntad se presenten el día 20 a las 21 horas, en la sala mística.

Atentamente Barweck de los Ironeck.

 

 

 

Como habreis visto he publicado en el foro y en twitter estas comunicación. ¿Antes de anda que este concilio de Forjaz?. Una de las cosas que me da cierta pena en Errantes es la organización de los enanos. Se que antes de mi llegada había un clan importante pero actualmente es una raza de personajes secundarios y con actividad entre nosotros bastante reducida.

La idea en sí es organizar un primer concilio actualmente abierto para todos con el fin de saber la gente que esta interesada en resucitar el rol con personajes enanos, la reunión será principalmente onrol, pero se hablaran de algunos detalles offrol. Alguna de las ideas que tengo son las siguientes:

  • Posibilidad de crear una comunidad en battlenet de jugadores enanos, algo parecido a un canal de discord pero más simple.
  • Posibilidad si hubiese voluntad para ello de crear una guild enana.
  • Seleccionar algunos jugadores notables y con voluntad como senadores, la idea de estos senadores es que en teoría se reunirían con el resto del senado de Forjaz e informaria al resto de jugadores enanos de la situación o seguir organizando pequeños concilios como este.
  • Posibilidad de incentivar en cierta medida el rol social y politico en Forjaz, incluso invitar a jugadores de otras razas a visitar la ciudad para no centrar el rol unicamente en Ventormenta o Boralus.
  • Y lo más importante conocernos quienes estamos y promover el conocimiento tambien del lore.

Os invito a todos a participar, pienso que puede salir algo muy bueno de esto.

 

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#6 Directo ~ Cómo rolear un Goblin (23/03/19)

Cómo rolear un Goblin

Fue muy divertido conocer los goblins a través de @Roscas cosas que me han sorprendido de esta raza y que dan muchas ganas de crearse un goblin y soltarlo por los mundos de Azeroth en busca de fortuna. Debéis disculpar si este los llama “Gublins” pero creo que es porque en inglés sería así. Sin embargo, hemos sacado de los resquicios del Lore tanto del relato de Gallywix, como de las novelas o del juego, cosas sorprendentes para que puedas comprender dicha raza y en especial, las clases como los ¡Chamanes y los sacerdotes! ¿Cómo consiguen tener el favor de los elementales? Y los sacerdotes ¿qué hacen para que estos puedan ser bendecidos por la Luz? son incógnitas que merecieron un espacio en el Directo.

¿A qué esperas? Dale al play y échale el oído tanto en Youtube como en Ivoox.

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#5 Directo ~ Cómo rolear un no-muerto y un Caballero de la Muerte (16/03/19)

Cómo rolear un no-muerto y un Caballero de la Muerte

Trailer de presentación:

Estuve fascinada por los secretos que contiene esta raza que afecta a prácticamente a todo aquel que murió y fue levantado como tal. La explicación sobre el alma, sobre la voluntad, el tipo de carácter, qué sucede cuando se levanta como no-muerto, las decisiones que podría tomar… fueron tantas cosas que se matizó en este Directo que aclaró muchísimas cuestiones de la gente que participó en él. Mucha gente se preguntó sobre el alzamiento de los Elfos de la Noche, cómo era posible que cambiasen de bando, a qué fue el motivo, ya que parecía como si hubiesen olvidado todo.

Drak’gol y Cassandra nos dieron un buen directo digno de ser escuchado, en especial, por la parte de los Caballeros de la Muerte, cómo —de manera orientativa— rolearlo.

Publicado en Rol de Clases de Warcraft

#4 Directo ~ Cómo rolear a un villano (09/03/19)

Cómo rolear a un villano

Trailer de presentación:

Ser villano no es fácil, más aún lo que en ello implica serlo. Los alineamientos, los motivos de sus acciones, su corrupción, sus ambiciones… todo tiene una causa, un por qué. En este directo, enfatizamos mucho esta parte oscura del rol por varios motivos:

Desgraciadamente hay mucha gente que no sabe diferenciar lo que está dentro del rol a lo que está fuera, es decir, un villano no es la persona que está detrás de la pantalla, el personaje se usa con el fin de generar rol. Por otro lado, también consideramos que ser un villano no significaba ser inmune a las consecuencias, hablamos y enfatizamos mucho sobre ello.

Consideré recomendable este Directo —dando una pausa a las razas— a modo prioritario como una ayuda tanto a la parte de la villanía, como también la parte no villana. Cómo optimizar el rol y que hayan buenos resultados en esta.

Lo importante fue denotar la armonía, tanto de la comunidad, como a nivel particular cuando se rolea con unos cuantos amigos.

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#2 Directo ~ Cómo rolear un orco (23/02/19)

Cómo rolear un orco

Tradiciones, honor, venerar a los Ancestros, esta raza fuerte y aguerrida mereció un espacio en el Directo que tuvimos en Febrero y desde luego, otro en este blog. Tuvimos de invitado a el Jefe Kurgan que nos habló del Lore de la raza de los orcos de World of Warcraft.

De manera particular, diré que esta raza no es que me haya llamado especialmente la atención antes. Conocía lo básico de su lore, pero jamás me imaginé que fuese tan mística e interesante, tanto que ya me creé a mi Mag’har Lanka, con ganas de darlo todo después de haber aprendido tanto del Lore de los orcos gracias a Kurgan.

Nos hemos basado especialmente en el Crónicas vol. 1, 2 y 3, Ascenso de la Horda, Señor de los Clanes, los relatos de Corazón de Guerra, Grito Infernal… en fin, esta raza tiene un bastísimo arsenal de Lore, en especial, desde que WoD les dio protagonismo. Por eso, este Directo va en especial a aquellos que les interesa rolear un orco y conocer sus costumbres, tradiciones, creencias, rituales… ¡todo lo necesario para ser un verdadero orco!

#EscúchaloEnIvoox