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Lalatei: Cargas

-Algo morado… Y con ruedas. O bueno… patas. Da igual, que se mueva.

El sonido de dos lápices siendo usados velozmente inundaba el interior de aquella apartada casa dentro de la gran montaña que era Forjaz.

Lalatei se encontraba tirada en la cama boca abajo, con un pijama simple para estar mas cómoda, mientras dibujaba en su cuaderno, como siempre solía hacer.

Normalmente estaría dibujando cualquier cosa que se le pasara por la cabeza, pero esa noche su mente la traicionaba haciendo que dibuje algo bastante concreto.

-Patas… ¿Con largas orejas, bigotes y un cuerpo peludo?

La voz de su hermana gemela la interrogó desde la mesa, al fondo de la habitación en la que se encontraban.

Estaba de espaldas escribiendo sobre unos planos, sentada en una silla que prácticamente parecía un trono.

Giró su cabeza para mirar a Lalatei con una sonrisa bastante cómplice. A pesar de ser gemelas, no eran mellizas, por lo que sus facciones distaban ligeramente entre ambas. Además, su hermana Sairisa solía estar constántemente tiñéndose el pelo y cambiando de extravagante peinado a algún otro más extraño. Ahora tenía un tono verde recogido en un largo moño que casi parecía ser un castillo.

-¿Qué pasa…? -Respondió Lalatei ante el gesto de su hermana. -Ya sabes como va esto, no busco ningun tipo de correlación, símplemente te digo cosas aleatorias…

-No paras de describirme conejitos ¿Algo de lo que quieras hablar?

Lalatei escuchó una risita tras el respaldo de la silla.

-¿Qué estás insinuando…?

Lalatei se incorporó en la cama mirando la silla de su hermana, y esta levantó un mando para que lo viera claramente, presionando un botón.

Tras eso, el roboconejo que había estado sirviendo a Lalatei en sus primeros días en el ejército apareció corriendo esperando órdenes.

-¡Eh! ¡Eso es de Raz, no puedes hacer uso de él así como así!

La silla de Sairisa se giró sobre sí misma para poder mirar directamente a Lalatei.

-Lala, sabes que sé cuando algo te obsesiona, y esto… te obsesiona… -El conejo soltó un pequeño gritito mecánico como a modo de respuesta.

-Claro que me obsesiona ¡Es mi responsabilidad! Raz me lo confió a mi y tengo que estar a la altura.

Durante unos momentos, la habitación quedó en un total silencio. Lalatei bajó la mirada como si se hubiera dado cuenta de que hubiera dicho algo que no debía, y Sairisa se quedó mirándola directamente, esperando algo más, hasta que terminó rompiendo el hielo.

-Otra vez la responsabilidad Lala… No fue tu responsabilidad. Ni tu culpa.


Años atrás, tras el incidente de Gnomeregan, muchos gnomos quedaron atrapados en la ciudad.

Algunos salieron a las horas. Otros, a las semanas. Lalatei, sus hermanos y un pequeño grupo se escondieron en uno de los domicilios de los niveles intermedios algo apartado. La comida era escasa, temían que en cualquier momento otra oleada de gas llegara por los conductos de aire limpio a domicilio y los matara en cualquier momento, o que los seguidores de Termochufe llegaran antes.

Lalatei llegó a ver los efectos directos de la radiación en alguien del grupo quien al poco tiempo comenzó a convertirse en una aberración de pústulas, pus y locura. La imagen de aquel pobre gnomo y su lenta y dolorosa transformación le impidió dormir muchos de los días que estuvieron allí atrapados.

Por suerte para ella y su hermana, Dari, su hermano mayor, llegó a contactar con su equipo de protectores de Gnomeregan antes de que se desmoronara todo, por lo que los pocos que estaban ahí tenían experiencia militar. A pesar de ello casi ninguno se podría llamar veterano a sí mismo. Al igual que Dari, todos apenas llevaban unos años en el ejército y no habían experimentado ninguna situación tan descontrolada como podría ser aquella.

Los días pasaban y el grupo cada vez se reducía más. Un ambiente de pesimismo se integraba en el grupo.

A pesar de que Dari y los suyos se encargaban de buscar comida y mantenerlas seguras, Lalatei vio como su hermana se decaía por completo hasta que el miedo la dominó.

Sairisa comenzaba a llorar sin previo aviso, temblaba y apenas respondía a lo que le decían. Incapaz de soportar ver más a su hermana en ese estado, Lalatei supo lo que debía hacer.

-Sisi… -Le comenzó a decir. -Sé que tienes miedo… sé que crees que no vamos a salir de aquí… Pero te prometo que lo haremos… Te protegeré y saldremos sanas y salvas. Mientras sigamos juntas, no nos vamos a rendir. No vamos a dejar que nadie nos venza ¿Vale?

Sairisa símplemente se abrazó a ella a modo de respuesta, y tras unos momentos, dejó de temblar, asintiendo.

Como si fuera una reacción a esas palabras, Dari apareció con algunos del grupo que habían salido.

-Hemos encontrado una salida. Un ascensor fuera de servicio. Podremos reactivarlo sin problemas y salir a la superficie.

Lalatei sonrió a su hermana y esta le devolvió la sonrisa, algo más segura de sí gracias a sus palabras.

El grupo no tardó en movilizarse mostrando una organización excelente. Dari encabezaba la marcha, mientras que ocho se distribuían simétricamente, dejando a las hermanas en el centro.

A medida que avanzaban, repelieron a Troggs y algún que otro gnomo paria enloquecido por la radiación.

Lalatei trataba en todo momento de evitar que su hermana viera las escenas de muerte que transcurrían a su alrededor, tratando de protegerla a toda costa, pero sus esfuerzos no podían evitar que escucharan las espadas-sierras rasgando la carne de sus enemigos.

-¡Allí está! -Dijo uno de los gnomos señalando al final del largo pasillo.

Lalatei y Sairisa miraron hacia donde señalaba y comenzaron a avanzar con más determinación.

Cuando finalmente llegaron, el grupo adoptó una posición defensiva en la zona mientras uno de los gnomos comenzó a trastear con la consola de mandos del ascensor.

A pesar de tener la salida al alcance de su mano, los troggs aún suponían una amenaza. Algún que otro trogg aparecía tratando de lanzarse sobre ellos, pero aún mantenían una férrea línea defensiva.

-Gracias Lala… -Dijo Sairisa cogiéndola de las manos, aún algo nerviosa. -No sé qué me había pasado… pensé que…

Lalatei la calló negando.

-Te dije que te protegería y te sacaría de aquí. Simplemente necesitabas saber que aún en los peores momentos… siempre hay esperanza…

Sairisa abrió la boca para decir algo, pero justo en ese momento un gran chispazo de la consola hizo que un estruendo comenzara a sonar.

Habían logrado activar el ascensor, pero este estaba en algún piso superior, y haciendo que su descenso fuera horrorosamente sonoro. Cualquiera habría pensado que las propias paredes estaban gritando de agonía.

-¡Preparaos para las oleadas de verdad! -Gritó Dari mientras hacía rugir su espada sierra.

El grupo observó el largo pasillo por el que habían llegado, con unas luces parpadeantes que apenas dejaban nada a la vista, mientras escuchaban el chirrido del metal que provocaba el descenso del ascensor. Solo que… no era solo del metal…

Lalatei abrió mucho los ojos al ver la gran cantidad de troggs que habían acudido ante el ruido, y comenzó a temblar, como si hubiera olvidado sus propias palabras.

Los troggs llegaron en tropel hacia la línea defensiva y los gnomos trataron de aguantar como pudieron, pero eran demasiados. Símplemente, demasiados.

De entre todos los troggs, vio como uno más grande que el resto agarraba a uno de los gnomos protectores y lo lanzaba por los aires hacia la marea invasora, haciendo que apenas en un segundo desapareciera bajo estos.

Luego siguió avanzando mientras las filas gnomicas se rompían.

Dari sacó su artillería pesada, la cual consistía en un rifle de repetición. Probáblemente se recalentaría muy pronto, pero servía para poder mantener al equipo más o menos a salvo mientras se reorganizaban.

Lalatei escuchaba los gritos de agonía de los miembros del grupo que iban cayendo por la marea trogg, sin apartar la vista de aquel monstruo más grande que el resto. Este, a su vez, pareció percatarse de ello, ya que le devolvió la mirada y comenzó a correr diréctamente en su dirección.

Su cuerpo se paralizó completamente y lejos de poder saltar, esquivar, rodar o hacer cualquier cosa, simplemente se quedó ahí parada, temblando.

Quiso cerrar los ojos pensando que iba a morir, pero ni siquiera eso quiso obedecer su cuerpo.

Durante un instante, el corazón de la gnoma se paró, viendo como el trogg pasaba a su lado, pero para su confusión, la ignoró por completo. En su lugar fue hacia algo mucho peor.

El grito de Sairisa hizo que Lalatei volviera en sí y girara su cabeza para observar con horror como el trogg había agarrado a su hermana y la mantenía en el aire.

El cuerpo de Lalatei temblaba sin saber qué hacer o cómo reaccionar. No sabía luchar, no tenía fuerza, no tenía armas, y lo único que veía era como su hermana estaba a punto de morir frente a ella.

Lejos de poder reaccionar, observó como el trogg golpeó contra el suelo a su hermana para luego patearla.

El ascensor llegó justo en el momento en el que el trogg había arrancado una tubería y se disponía a usarla.

La moribunda gnoma apenas pudo moverse cuando recibió el garrotazo.

-¡¡Sisi!!

Lalatei gritó con todas sus fuerzas sin poder aguantar sus lágrimas, y como si fuera algún tipo de respuesta inmediata, una ráfaga de disparos cayó sobre el trogg, haciéndolo prácticamente añicos.

Dari agarró la mano de Lalatei y tiró de esta hacia el ascensor, mientras ordenaba a dos de los gnomos que aún seguían vivos que cargaran a la moribunda Sairisa.

Mientras finalmente ascendían, Lalatei se quedó mirando a su hermana, la cual cláramente estaba al borde de la muerte.

Una imagen que difícilmente olvidaría.


Sairisa miró a su hermana y su silla comenzó a mover sus patas para acercarse.

-Lala… sabes que no fue tu culpa. Ni de Dari, ni de nadie.

Lalatei bajó la mirada entrelazándose los dedos de las manos.

-Pero… tú… yo te dije…

Sairisa suspiró y negó.

-Ya lo hemos hablado muchas veces Lala. No fue tu responsabilidad. No tienes que castigarte, y sobretodo ¡No tienes que dedicarme tu vida en compensación!

-No te dedico mi vida… -Replicó Lalatei tímidamente.

-¿Ah no? ¿Y cuándo fue la última vez que saliste a divertirte por ahí, sin que yo te lo haya ordenado explícitamente? ¿Cuándo quedaste con alguien? ¿Cuántas veces te han ofrecido ir a algún sitio con alguien y lo has rechazado porque “tenías que cuidar de tu indefensa hermana”? Por favor, la que no puede usar las piernas soy yo ¡No tú!

-Yo… bueno… ¿cómo sabes…?

Sairisa se pasó la mano por la cara mientras negaba, solo para responderle con un enérgico grito mientras comenzaba a moverse por toda la habitación casi dando saltos usando su silla.

-¡Porque eres un libro abierto para mi! Mírame, puedo andar, puedo saltar ¡Puedo bailar! -Eso último lo dijo mientras rotaba su silla mientras caminaba rápidamente. -Mejor que tú, además…

Lalatei no pudo evitar sonreír un poco al ver a su hermana así y asintió levemente.

-Supongo… que tienes razón…

-¡Claro que tengo razón! Siempre la tengo -Bromeó volviendo a su posición inicial delante de la mesa.

-Trataré de aprender a… bueno… ¿Hablar con la gente?

Su hermana soltó una risita alegre.

-Es un comienzo. Ah, ¡y te prohibo usarme de excusa para esfumarte!

Lalatei asintió volviendo a coger su cuaderno.

-Vale, muy bien… eh… ¿Seguimos…?

-Después de tí -Asintió cogiendo un lápiz de nuevo.

-Mmh…Con alas de plomo.

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[Evento] Academia de las Artes Arcanas

El preludio de un nuevo hogar

DALARAN

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La elfa aguardaba al consejo escolar de la Academia de las Artes Arcanas. Esta era la segunda vez que solicitaba formar parte del profesorado. La primera vez se lo denegaron. Ni siquiera había tenido una reunión previa para poder conocer los motivos, pero podía imaginarse el porqué. Ser una Ren’dorei no era fácil, en especial para aquellas personas que guardaban culto a la Luz y tenían recelos —de sobra entendibles— con el vacío, pero lo que más le preocupaba, es la confianza en que puedan depositar en ella. Presea mantenía a raya los susurros y lo lograba aferrándose a lo que sí sabía, a lo que sí conocía. Tenía una seguridad en sí misma. Creía firmemente que su enseñanza a las nuevas mentes del mañana sería de gran utilidad. Ella fue profesora en la Academia Falthrien tiempo atrás y tenía pupilos a su cargo que, a día de hoy, eran magos a cargo del Gran Magister.

Añoraba volver a esos tiempos. No le importaba haber perdido su cargo como Magistrix. Pertenecía a la Asamblea de Lunargenta en aquella época, sí… aquella época dorada de los Quel’dorei, antes de que la plaga destruyera los cimientos de su pueblo.  Su labor era, no sólo la enseñanza, también hacer cumplir la ley mágica y proteger Quel’thalas junto a otros Magi para que, si en algún momento cayeran las defensas de su pueblo, esta ayudase a apoyar a levantar la barrera mágica.

El Consejo de los siete eran quienes se ocupaban de proteger la Fuente del Sol, tenían otras labores junto al Rey; Quel’thalas estaba muy bien distribuida y la paz reinaba en cada rincón del reino Quel’dorei.

Tiempo atrás, en cierta ocasión, de vez en cuando visitaba la ciudad de Dalaran junto a otros Magi para ver como los magos de la ciudad habían prosperado. De los errores que cometieron tiempo atrás, habían aprendido. Comprendieron que la magia no podía abusarse de ella y debían mantener un control, pero eso sólo lo lograron a través de los siglos. Los Guardianes de Tirisfal hicieron un excelente trabajo, tanto como concienciar a los antiguos gobernantes de la ciudad a ser cuidadosos.

La última vez que vio aquella ciudad, antes de la caída, fue para visitar a una vieja amistad ¿qué podría haber sido de ella? Llegó a pensar que, a estas alturas, sea la plaga o cualquier peligro que hayan vivido en Azeroth… no haya sobrevivido. La elfa dio un suspiro hondo, cerrando los ojos, el último recuerdo será el que conservaría a partir de ahora y que haya podido descansar en paz.

Un Quel’dorei había salido de la sala de juntas donde deliberaban qué hacer con la Ren’dorei. Presea enseguida se levantó de la silla, mostrando respeto con las manos cogidas en el regazo. Estaba nerviosa, pero trataba de mantener templanza. Este Quel’dorei era distinto, no pertenecía a la anterior junta con la que le denegaron su solicitud de ingreso la primera vez. Le era… muy familiar, demasiado familiar… sin embargo él no la reconocía.

—Señorita Arcosombrío, es un placer conocerla. Me llamo Anûr Susurra Alba, es un placer. —puso la mano en el pecho e hizo una leve reverencia con la cabeza— He tenido que salir a verla personalmente porque su expediente que indicaba en la solicitud me era tremendamente familiar. Quería asegurarme… que no fuese un error.

Presea apenas parpadeaba, se acercó un paso al elfo, mirándole el rostro, no cabía la menor duda, era él.

—¿Anûr? —quiso asegurarse. Los años para el elfo no habían cambiado, seguía siendo el Quel’dorei pelirrojo perteneciente al Kirin tor, aunque antes era un miembro, al parecer, habían reconocido sus labores en la ciudad y en la enseñanza, ahora pertenecía a la junta selectiva.

El elfo tuvo que mirar su rostro muy detenidamente. Había cambiado tanto aquella elfa de cabellos rubios tan hermosa como la veía a tener un aspecto siniestro y sombrío.

—Por la Fuente del Sol, Presea… no puede ser… que seas tú. —alzó una mano para tocar su mejilla, algo receloso, pero al tocarla no sintió nada peligroso. Acarició su pómulo. A pesar de su rostro cambiado, atisbó la dulzura que siempre había en su rostro cada vez que se veían por el gran cariño que habían tenido desde críos. — Oh, ven aquí… —susurró, abrazándola con fuerza. La elfa se emocionó. Todo lo que hubiera pensado del destino de Anûr no era cierto, estaba vivo, y bajo la protección de la ciudad. Con eso a ella le bastaba.

—Anûr. Gracias al Sol Eterno que estás vivo.

Al apartarse de ese emotivo abrazo la miró una vez más, tomando el rostro de la Ren’dorei.

—¿Qué has hecho? ¿por qué tomaste este sendero? —la preguntó sin entenderla, como si no reconociera su decisión.

—Sé que no entenderás por qué creí en Umbric. Anûr… quería asegurarme de poder doblegar ese poder. Puede que eso nos llevó a lo que soy ahora, pero sigo siendo la misma, te lo juro. —le suplicó con la mirada que la creyera. — Por favor, quiero este trabajo. Lo necesito… necesito volver a enseñar.

—¿Por qué, Presea? ¿por qué? —tal pregunta, encerraba más el deseo de la elfa que su decisión por lo que era ahora y que no podía remediarse.

—Porque quiero sentir Ventormenta nuestro nuevo hogar. —respondió agachando la mirada— sentir que… pertenezco ahora a la ciudad de los humanos. Veo a muchos humanos que han aprendido de forma irresponsable las artes arcanas, que han sido dañados por manipular poderes que no entienden. No puedo permitir eso. —volvió a mirarle convencida de sus palabras. — Tienen que saber, tienen que aprender. El consejo no puede apartar los ojos.

—Y no lo hacemos. Puede haber otros profesores quienes se ocupen de esa labor…

—¿Y por qué yo no podría, Anûr? —se contrarió a la respuesta de su amigo ¿todavía es amigo? O ha cambiado a raíz de saber que ella tiene esta nueva condición. — ¿Por qué?

El elfo alzó las manos pidiendo calma.

—No he dicho que no puedas ejercer de profesora. Has sido brillante en la Academia Falthrien, pero queremos asegurarnos de varias cosas antes de tomar una decisión equivocada. Comprende que no ha sido nada fácil para nosotros. Ahora sé quién eres y tengo más dudas con respecto a mi voto.

—¿Votaste que no? —preguntó con el ceño un poco fruncido, aunque hubiese deseado expresar ¿fácilmente? su contrariedad, tenía que controlarlo. Los susurros no paraban de decir cosas para alimentar su ego y destrozar al Quel’dorei que estaba de pie frente a ella, queriendo salir de ese momento tan delicado.

—Ya te dije que tengo dudas con respecto a mi voto, Presea. Por favor… entiéndeme. Para mí el alumnado es importante, en especial su protección.

—Anûr ¿de verdad piensas que voy a dañar a los alumnos? —preguntó con toda la templanza que le fue posible. No debía dejarse llevar por la cólera, ignoraba esos susurros una vez más. No. No permitirá que el vacío estropee lo que tanto desea. — Te prometo… que nada les ocurrirá. Lo que hice en el pasado, fue investigar el vacío por mi cuenta y riesgo. Jamás incité a los pupilos a mi cargo de que indagaran en el vacío. Conocía los riesgos, lo he visto.

Eso le sorprendió al elfo, pues esa parte la desconocía. Confiaba en que ella le estaba diciendo la verdad. Volvía a ver a aquella Presea que conoció tiempo atrás. Si hay algo que sabía de ella era lo extremadamente protectora y responsable que había ejercido siempre como instructora y como Magistrix.

Estuvieron al menos medio minuto mirándose a los ojos. El Quel’dorei meditaba en cada palabra, en lo que ella le transmitía en todo momento: seguridad. Finalmente dio un leve asentir acompañado de una afectuosa sonrisa.

—Una pregunta más… —levantó el dedo, con una terrible incertidumbre divertida en su rostro— ¿por qué “Arcosombrío”?

La elfa se encogió de hombros y sonrió tímidamente. Esa parte podía contársela a él y sólo a él.

—Mi esposo era un Errante. Era diestro con su arco, el mejor del reino. Un pequeño homenaje a él, supongo.

Anûr sonrió a su respuesta.

—Bien, señorita “Arcosombrío” —dijo solemnemente— Mi voto será sí y concuerda con la mayoría del consejo. La decisión estaba reñida, pero ya no. Debes jurarme por lo más sagrado que nunca enseñarás artes del Vacío a los estudiantes. —la miró en advertencia con el índice alzado.

—Te juro por nuestra amistad, por nuestro pueblo. Por todo cuanto amamos, que jamás enseñaré en la escuela las artes del vacío a estudiantes de magia arcana. Pero no puedo decirte que jamás enseñaré dichas artes fuera de la escuela. Habrá estudiantes de las sombras que querrán saber, pero no lo haré en el recinto escolar.

Por un momento la miró a los ojos y asintió conforme a sus palabras.

—De acuerdo. Es justo lo que queremos, Presea. Lo arreglaré todo para que pronto puedas abrir una de las alas de la torre de los magos de Ventormenta y la acomodes a tu gusto para empezar cuando estés lista. Sin embargo… sabes cómo funciona esto. Tenemos que supervisar todas tus clases, queremos asegurarnos de que haces lo que tienes que hacer.

La elfa asintió conforme.

—Lo supuse. No tengo nada que ocultar. Seréis bienvenidos en mi aula.

Anûr sonrió en ese “mí” que significaba tanto para ella. Estaba seguro, que construiría su universo en la propia escuela y que, —tal vez el tiempo o la razón— serán quienes descifren el destino que ha emprendido la futura profesora de las Artes Arcanas.

***

Anillo Kirin Tor

—… Y así, bajo el amparo del Consejo de los Seis, Presea Arcosombrío, serás miembro-iniciado del Kirin Tor, como muestra de ingreso en la Academia de las Artes Arcanas. —Anûr, después de anunciar frente la junta selectiva, colocó el anillo, —el sello del ojo— en el dedo índice de la Ren’dorei. Este ocultó una sonrisa que albergaba un pensamiento fugaz a cambio de una mirada de orgullo y esperanza.

Presea le sonrió conteniendo la emoción, a pesar de que sus ojos estaban húmedos, a punto de traicionarla. Debía decir unas palabras, un voto, un juramento ante la junta académica.

—Por mi honor, juro obedecer las normas de la escuela. Contribuiré a la enseñanza como otros profesores lo han demostrado. —Esas últimas palabras realmente no las sentía y el vacío alimentaba ese pensamiento que la distrajo por un instante: «Sí, todos los profesores que han resultado ser unos inútiles» «Demuestra a toda esa junta de viejos charlatanes que puedes ser mejor de lo que hasta ahora han tenido.» Alzó una ceja, serena, sin mostrar un ápice de desprecio por aquellos que, llamándose ‘maestros’, han hecho flaco favor a varios humanos que ha conocido.

***

Juego de manos

Una vez terminada la ceremonia protocolaria, Anûr quiso invitar a Presea en la taberna Juego de Manos —la más elegante y fina de la ciudad— para celebrar su ingreso con una buena taza de té y unas pastas exquisitas conjuradas. Una suave melodía de un arpa que rasgaba cada cuerda con un encantamiento, levitaba en un rincón estratégico donde la acústica sea la adecuada.

 Presea sonrió al Quel’dorei que cada vez estaba más convencido que era ella. Sus gestos, su carácter, su firmeza, todo cuanto él recordaba estaba bajo ese extraño aspecto donde el vacío dejó sus siniestros encantos en la elfa. La taberna gozaba de sus típicos parroquianos a esa hora tan puntual para tomar un refrigerio, o visitantes que estaban de paso por la ciudad flotante.

—De todos los ingresos que hemos hecho hasta la fecha, esta, particularmente, me honra haber tenido el privilegio de dirigirla. —dijo, mientras veía acercarse la camarera, una semielfa de cabellos celestes a la par que sus ojos, con una bandeja, dejando el pedido sobre la mesa.

Agradecieron ambos, mientras continuaban la charla y esta volvía a atender otros pedidos de otras mesas.

—Debo decir que el privilegio es mío. —contestó Presea. — Que hayas sido tú quien lo ha dirigido y quien ha hecho que la balanza esté a favor, es un alivio y un sueño hecho realidad.

Casi a dúo se sirvieron los terrones de azúcar en la taza y removieron con una cucharilla en el sentido del reloj. Una melodía monótona y familiar el repiqueo suave de la cucharilla en la porcelana de la taza, los dos típicos golpecitos en el borde de la taza para escurrirla y seguidamente, descansarla en el plato. Ambos recogieron el asa y antes de dar el primer sorbo, Anûr quiso detenerla.

—Deberíamos brindar.

—¡Anûr! —exclamó, riendo la elfa— con una taza de té suena muy raro.

—Pues es lo que tenemos a mano, —respondió, divertido— y no seas tan quisquillosa, también podemos hacerlo con una taza de té.

—En ese caso ¿qué sugieres brindar? Pareces estar muy inspirado.

—Y lo estoy. —sentenció, dándose un manotazo sobre su propia rodilla. — Estoy muy satisfecho y feliz, es una sensación que pocas veces he experimento y … volver a saber de ti, Oh… ya es una recompensa asegurada.

Presea sonrió dulcemente, con cierto rubor en las mejillas.

—Adulador.

—Es posible. —otorgó, acompañado de un guiño de ojo, en confianza. Seguidamente, levantó la taza y dijo solemnemente: —Por la amistad y por la Academia de las Artes Arcanas que, sin lugar a dudas, tienen a la mejor maestra que hayan podido tener en mucho tiempo.

—Espero estar a la altura. —respondió con una sonrisa, mientras chocaba suave la porcelana de su taza. Bajo esa capa de dulzura, el vacío volvía a hurgar en su ego: «Oh, claro que lo estarás. Eres la mejor de lo que han tenido jamás, puedes estar segura. ¿Cuál es el siguiente paso? ¿aspirar a ser la Directora de la Academia? Puedes serlo, Presea. Puedes aspirar a eso y más. A gobernar la Academia como más te plazca ¡hazlo! ¡libera tus verdaderos deseos, sabes que lo quieres!»

En ese instante, cerró los ojos y frunció mucho el ceño para acallar esas malditas voces de su cabeza. Debía aferrarse nuevamente a la verdad, a lo que ella quería realmente, su verdadera vocación: Enseñar. Independientemente de sus deseos más oscuros, sabía lo que eso ocuparía, debía recordar qué supondría ser ambiciosa. No lo deseaba realmente, no deseaba tanta responsabilidad. Había dado un juramento, no iba a enseñar a ningún alumno los senderos más oscuros de el vacío y no deseaba defraudar a Anûr, cosa que le estaba mirando con visible preocupación.

—¿Te encuentras bien?

—¡Sí, no te preocupes! —respondió enseguida, tocándose la sien— el té me hará mucho bien. De los nervios que pasé, tengo un poco de dolor de cabeza. —mintió. No quería que notase nada que pudiera hacerle dudar de su decisión. Los Ren’dorei deben luchar constantemente contra sus propios demonios, los susurros constantes que no paraban de atormentarles. Debía ir con cuidado.

—¿Necesitas descansar? —inquirió, al verla un poco extraña.

—Sí, lo necesito. Terminemos el té y regresaré cuanto antes a Ventormenta. —respondió, apurada.

—Está bien… —dijo Anûr, lamentándolo— … hubiera querido que te quedases más tiempo, pero supongo que ha habido demasiadas emociones juntas.

Presea terminó el té a varios tragos y cuidando de no quemarse. Pronto se puso de pie cuando apenas había finalizado el té, recogiendo su bastón. Anûr se puso al mismo momento que ella de pie. La elfa sonrió y preguntó:

—¿Volveremos a vernos?

—Tan pronto como pueda. —le aseguró, mirándola a los ojos con una leve sonrisa.

Tras unas miradas de resignada despedida, se abrazaron. Y sin soltarla todavía, Arûn murmuró:

—Te deseo toda la suerte del mundo, Presea.

—Gracias por todo, Arûn.

Cuando se separaron, este negó con la cabeza, con una mirada afectuosa y apesadumbrada. La idea de que se vean en unos meses después de este encuentro, toda esa distancia, en el tiempo, no le seducía.

—Te mereces esta oportunidad.

La elfa besó su mejilla y tras despedirse, dejó marchar a la Ren’dorei. Anûr la siguió con la mirada. Estaba intrigado por el futuro de Presea y qué le conduciría su vocación y preocupado por las futuras diferencias que seguramente tendrá por el protocolo de enseñanza mágica impartida por el Kirin Tor.

Recepción de Gala

El Miércoles 17 de Julio a las 22.30h habrá una recepción por la apertura de la Academia de las Escuelas Arcanas.

Es imprescindible ir de etiqueta

Las inscripciones se realizarán en dicho evento donde la profesora Arcosombrío dará instrucciones de cómo inscribirse para poder asistir como alumno a las próximas clases que se realizarán el Miércoles 24 de Julio a las 22.30h con el siguiente simposio que se dará como comienzo en la primera clase:

Todos los alumnos deben asistir con la túnica reglamentaria.

Presea_Kirin_24_Julio

OFF ROL: La túnica de mago nivel 1 de cualquier raza, pero debe ser la de mago. De asistir con vuestros personajes avanzados, podéis crearos un personaje nivel 1 y enviar la túnica a quienes deseéis desarrollar vuestro personaje.

Las clases se realizarán en LA TORRE AZORA situada en el Bosque de Elwynn.

Azora

Daremos el directo en El Rincón de Idril donde estaréis todos invitados a verlo desde ahí. Es interesante que lo hagáis, dado que posiblemente, se ponga música ambiental para ayudaros a sumergiros en la trama del evento.

El Rincón de Idril

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#6 Directo ~ Cómo rolear un Goblin (23/03/19)

Cómo rolear un Goblin

Fue muy divertido conocer los goblins a través de @Roscas cosas que me han sorprendido de esta raza y que dan muchas ganas de crearse un goblin y soltarlo por los mundos de Azeroth en busca de fortuna. Debéis disculpar si este los llama “Gublins” pero creo que es porque en inglés sería así. Sin embargo, hemos sacado de los resquicios del Lore tanto del relato de Gallywix, como de las novelas o del juego, cosas sorprendentes para que puedas comprender dicha raza y en especial, las clases como los ¡Chamanes y los sacerdotes! ¿Cómo consiguen tener el favor de los elementales? Y los sacerdotes ¿qué hacen para que estos puedan ser bendecidos por la Luz? son incógnitas que merecieron un espacio en el Directo.

¿A qué esperas? Dale al play y échale el oído tanto en Youtube como en Ivoox.

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#5 Directo ~ Cómo rolear un no-muerto y un Caballero de la Muerte (16/03/19)

Cómo rolear un no-muerto y un Caballero de la Muerte

Trailer de presentación:

Estuve fascinada por los secretos que contiene esta raza que afecta a prácticamente a todo aquel que murió y fue levantado como tal. La explicación sobre el alma, sobre la voluntad, el tipo de carácter, qué sucede cuando se levanta como no-muerto, las decisiones que podría tomar… fueron tantas cosas que se matizó en este Directo que aclaró muchísimas cuestiones de la gente que participó en él. Mucha gente se preguntó sobre el alzamiento de los Elfos de la Noche, cómo era posible que cambiasen de bando, a qué fue el motivo, ya que parecía como si hubiesen olvidado todo.

Drak’gol y Cassandra nos dieron un buen directo digno de ser escuchado, en especial, por la parte de los Caballeros de la Muerte, cómo —de manera orientativa— rolearlo.

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#4 Directo ~ Cómo rolear a un villano (09/03/19)

Cómo rolear a un villano

Trailer de presentación:

Ser villano no es fácil, más aún lo que en ello implica serlo. Los alineamientos, los motivos de sus acciones, su corrupción, sus ambiciones… todo tiene una causa, un por qué. En este directo, enfatizamos mucho esta parte oscura del rol por varios motivos:

Desgraciadamente hay mucha gente que no sabe diferenciar lo que está dentro del rol a lo que está fuera, es decir, un villano no es la persona que está detrás de la pantalla, el personaje se usa con el fin de generar rol. Por otro lado, también consideramos que ser un villano no significaba ser inmune a las consecuencias, hablamos y enfatizamos mucho sobre ello.

Consideré recomendable este Directo —dando una pausa a las razas— a modo prioritario como una ayuda tanto a la parte de la villanía, como también la parte no villana. Cómo optimizar el rol y que hayan buenos resultados en esta.

Lo importante fue denotar la armonía, tanto de la comunidad, como a nivel particular cuando se rolea con unos cuantos amigos.

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#2 Directo ~ Cómo rolear un orco (23/02/19)

Cómo rolear un orco

Tradiciones, honor, venerar a los Ancestros, esta raza fuerte y aguerrida mereció un espacio en el Directo que tuvimos en Febrero y desde luego, otro en este blog. Tuvimos de invitado a el Jefe Kurgan que nos habló del Lore de la raza de los orcos de World of Warcraft.

De manera particular, diré que esta raza no es que me haya llamado especialmente la atención antes. Conocía lo básico de su lore, pero jamás me imaginé que fuese tan mística e interesante, tanto que ya me creé a mi Mag’har Lanka, con ganas de darlo todo después de haber aprendido tanto del Lore de los orcos gracias a Kurgan.

Nos hemos basado especialmente en el Crónicas vol. 1, 2 y 3, Ascenso de la Horda, Señor de los Clanes, los relatos de Corazón de Guerra, Grito Infernal… en fin, esta raza tiene un bastísimo arsenal de Lore, en especial, desde que WoD les dio protagonismo. Por eso, este Directo va en especial a aquellos que les interesa rolear un orco y conocer sus costumbres, tradiciones, creencias, rituales… ¡todo lo necesario para ser un verdadero orco!

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Publicado en Rol de Razas de Warcraft

#1 Directo ~ Cómo rolear un Trol (18/02/19)

Cómo rolear un trol

Tuvimos unos excelentes invitados en nuestro primer Directo a Kijara y a Jakkar. Quisimos empezar por una de las razas casi olvidadas antes de los Zandalari, pero al venir nuevo lore de los trols y la nueva raza aliada, no quise escatimar de empezar por una de las razas que apenas conocía su lore.

 

Fue una experiencia inolvidable. Resolvimos bastantes dudas siguientes:

  • ¿Qué tribus actualmente se conocen?
  • ¿Qué son los Loa y qué representan?
  • ¿Qué costumbres tienen?
  • ¿Qué clase de cultura tienen los trols?
  • Hemos hablado de los Dinománticos y qué son
  • Sobre los Chamanes en su cultura
  • Las castas de los Zandalari
  • Consejos de cómo rolear un trol

¡Espero que os guste! Un especial agradecimiento a Kijara y Jakkar por aceptar asistir al directo y darnos tanto lore de la raza trol de Warcraft. #AudioEnIvoox